El mercado del alquiler en España sigue siendo uno de los grandes focos de tensión del acceso a la vivienda, pero empieza a mostrar señales incipientes de cambio tras varios años de encarecimiento ininterrumpido. El año 2025 cierra con la subida interanual más moderada de todo el año (6,9%) y, por segunda vez en siete meses, el precio del alquiler abandona las subidas de doble dígito. No se trata aún de un giro contundente, pero sí de un dato relevante que apunta a una posible estabilización progresiva de los precios.
La evolución reciente confirma que el alquiler avanza ahora a dos velocidades. Las comunidades con mayor dinamismo económico y una presión de demanda históricamente muy elevada, que durante los últimos años habían liderado los incrementos, comienzan a mostrar signos de desaceleración. En paralelo, regiones tradicionalmente menos tensionadas siguen registrando aumentos intensos, lo que refleja un desplazamiento parcial de la presión hacia nuevos territorios.
Un hito especialmente significativo es el comportamiento de la Comunidad de Madrid, que en noviembre de 2025 registra una ligera caída mensual del precio del alquiler por primera vez en 45 meses. Tras casi cuatro años consecutivos de máximos históricos, este dato sugiere que el mercado podría estar acercándose a un techo en las zonas más tensionadas, aunque todavía no puede hablarse de una corrección generalizada ni homogénea.
La lectura de fondo es clara: los precios del alquiler continúan en niveles muy elevados, pero el ritmo de crecimiento empieza a perder intensidad. En los últimos cinco años el alquiler se ha encarecido un 30%, y solo en los dos más recientes el aumento ha sido del 25%, una presión extraordinaria concentrada en un periodo muy corto. Esta acumulación explica la prolongada secuencia de récords, pero también anticipa una mayor resistencia del mercado a seguir absorbiendo subidas tan abruptas.
De cara a 2026, el escenario más probable apunta a una continuidad de las subidas, aunque de forma más contenida en los mercados más maduros y tensionados. La escasez estructural de oferta y la fortaleza de la demanda seguirán presentes, pero todo indica que el ciclo de crecimiento podría entrar en una fase de mayor moderación, con ajustes desiguales según territorio. Un contexto que obliga a analizar el mercado con mayor precisión, alejándose de lecturas uniformes y atendiendo a las señales tempranas de cambio que empiezan a emerger.